Introduction / Introducción / Einleitung

How can something so connected be so disconnected? I ask myself this question sitting in a library a few miles from my home in the borders of Scotland, wirelessly hooked up to the Internet providing me with access to just about every piece of information…that the civilized world considers to be of consequence. There was a pause in my writing there, because the phrase that so nearly reached my fingertips was “every piece of information of any consequence” – literally a much more satisfying expression, but so far away from the truth. What I am able to access via the corporate-controlled routers, switches and servers that comprise the Internet may be close to all the information Industrial Civilization has gathered in its short tenure on Earth, but it is a closed, self-perpetuating network; as disconnected from the real world as its individual components will be from each other when the current eventually ceases to flow.

It was nearly two years ago that what I thought would be my magnum opus was first published in book form. Not that I expected to sell a great number of copies of Time’s Up! but along with its online incarnation, and a slew of related articles both from me and the friends (and some enemies) accumulated in the subsequent time I did expect something to come of it. Maybe it did; maybe I’ve been looking in the wrong places, or perhaps the work that came about as a result is hiding in the cracks and beneath the floorboards of public awareness. There is no doubt that anything that has the potential to destabilise the Culture of Maximum Harm, as Daniel Quinn so accurately calls Industrial Civilization, needs to be protected. Nevertheless, the question that has come back to me by email, letter, word of mouth and, indirectly, through the comments and thoughts on so many blogs and forums, is one that suggests I am far from finished in my writing. That question is: “What can I do?”

This book is a response to that question.

It is not the definitive response; it’s barely an adequate response given the level of emotion with which some people have phrased the question, but it is the best I can do for now. It is also a big personal risk on my part, and on the part of anyone who is associated with the distribution of this book, in whatever media it makes its appearance. Over the last year my life and that of my family has changed: we have moved to a place where connections with the real world, with fellow human beings and the rest of nature abound; so it has changed for the better. We would love things to stay this way, but know they cannot and will not, as the environment nature created and nurtured crumbles under the boot of civilization, and the energy that feeds the machine begins to trickle rather than gush. The publication and distribution of this book’s content is a risk to our personal circumstances, but reflects the nature of the situation we are increasingly going to experience. It is also something I have to do. Undermining is something we are all going to have to take a part in if we are once again to take control of our own destiny.

And that raises the question of what undermining is. The simple definition is as good as any: removing that upon which something depends for its strength. If you want to make a house fall down then start removing bricks from its base; eventually, if you remove enough bricks, the house will tumble to the ground. If the house is tall or top-heavy then you will need to remove comparatively fewer bricks. If the house already has weak foundations, or substandard construction, then you might not have to remove very many bricks at all. The same principle applies to anything you wish to undermine: a wall, a political party, a corporation, an entire set of principles by which a population carries out its daily life.

The way in which Industrial Civilization keeps us attached to its principles – such as the belief that economic growth is a good thing or that it is necessary for a few people to tell the majority how to live or that having a well paid job is a natural human aspiration – is by ensuring civilized people are kept disconnected from anything that might provide them with an alternative view of what life is really about. This disconnection from the real world is achieved through what I have called the Tools of Disconnection. If we stay attached to the underlying principles of Industrial Civilization then we stand little hope of surviving the next century as a viable species; but as long as we remain disconnected from the real world, then that is a very likely outcome indeed.

The way to return civilized humanity to a state where long-term survival is a real possibility is to reject the principles of Industrial Civilization and live as though we wish to have a future. The way to achieve this is by undermining the Tools of Disconnection. That is what this book aims to do: not merely in words, but by fostering an entire generation of people who are willing to go beyond the superficial rhetoric of the mainstream environmental organisations; a generation of people who are ready to take risks in order to return humanity to a connected state.

We are the Underminers, and this is our time.


Introducción

¿Cómo puede algo tan conectado estar tan desconectado? Me hago esta pregunta sentado en una biblioteca a unos pocos kilómetros de mi casa en Escocia, cerca de la frontera con Inglaterra, conectado sin cables a una Internet que me proporciona acceso a prácticamente cada pieza de información… que el mundo civilizado considera relevante. Hice una pausa al escribir eso, porque la frase que casi salió de mis dedos era “cada pieza de información de una mínima relevancia”, literalmente mucho más satisfactoria, pero muy lejos de la realidad. Aquello a lo que tengo acceso por medio de los routers, switches y servidores controlados por las empresas y que constituyen la Internet puede estar cerca de ser toda la información que la Civilización Industrial ha reunido en su breve dominio sobre la Tierra, pero es una red cerrada, que se perpetúa a sí misma; tan desconectada del mundo real como sus componentes individuales lo estarán entre sí cuando la corriente al final deje de fluir.

Hacía ya casi dos años de la publicación en formato libro de lo que pensaba que sería mi opus magnum. No es que esperase vender un gran número de copias de “Time’s Up!” pero con su encarnación online, y un montón de artículos relacionados tanto míos como de amigos (y algunos enemigos) que se fueron acumulando tras su publicación, esperaba que saliera algo de aquello. Quizás salió; quizás he estado mirando en los lugares equivocados, o tal vez el trabajo que vino detrás como resultado se esconde en las rendijas y bajo el suelo de la conciencia pública. No hay duda de que cualquier cosa que tenga el potencial de desastibilizar la Cultura del Máximo Daño, como Daniel Quinn tan apropiadamente llama a la Civilización Industrial, necesita ser protegida. En todo caso, la pregunta que me ha llegado de vuelta por email, carta, en persona o indirectamente a través de comentarios y pensamientos en tantos blogs y foros me sugiere que estoy lejos de haber terminado con mi obra escrita. Esta pregunta es: “¿Qué puedo hacer?”

Este libro es una respuesta a esa pregunta.

No es la respuesta definitiva; es apenas una respuesta adecuada al nivel de emoción con el cual alguna gente ha formulado la pregunta, pero es la mejor que puedo dar por ahora. Es también un gran riesgo personal por mi parte, y por parte de cualquiera que se asocie a la distribución de este libro, en cualquier medio que haga su aparición. Durante el último año mi vida y la de mi familia ha cambiado: nos hemos trasladado a un lugar donde abundan las conexiones con el mundo real, con los congéneres humanos y el resto de la naturaleza; así que ha cambiado para mejor. Nos encantaría que las cosas siguiesen así, pero sé que no podrán y no lo harán, porque el medio ambiente creado y criado por la naturaleza se derrumba bajo la bota de la civilización, y la energía que alimenta la máquina fluye ya a gotas más que a borbotones. La publicación y distribución del contenido de este libro es un riesgo para nuestras circunstancias personales pero refleja la naturaleza de la situación que vamos a experimentar cada vez más. También es algo que tengo que hacer. “Socavar” (undermining) es algo en lo que todos vamos a tener que participar si queremos retomar el control de nuestro destino.

Y eso nos lleva a la cuestión de qué significa socavar. La simple definición de la palabra nos puede valer: eliminar aquello de lo que algo depende para su fortaleza. Si quieres hacer que una casa se derrumbe empieza a quitar los ladrillos de su base; al final, si quitas suficientes ladrillos, la casa se desmoronará. Si la casa es alta o tiene un gran peso en su parte alta, entonces te bastará con quitar comparativamente menos ladrillos. Si la casa ya tiene cimientos débiles, o una construcción de mala calidad, entonces puede que no tengas ni que quitar muchos ladrillos. El mismo principio se aplica a cualquier cosa que quieras socavar: un muro, un partido político, una empresa, un completo conjunto de principios por los cuales una población guía su vida diaria.

El modo en que la Civilización Industrial nos mantiene adheridos a sus principios (tales como la creencia en que el crecimiento económico es algo bueno o que es necesario que unas pocas personas les digan a la mayoría cómo vivir o que tener un trabajo bien pagado es una aspiración humana natural) consiste en asegurarse de que la gente civilizada se mantiene desconectada de cualquier cosa que les pueda proporcionar una visión alternativa de lo que la vida es en realidad. Esta desconexión con respecto al mundo real se consigue mediante lo que he denominado las Herramientas de Desconexión. Si nos mantenemos apegados a los principios subyacentes de la Civilización Industrial entonces tenemos pocas esperanzas de sobrevivir a los siguientes cien años como una especie viable; y en la medida en que permanezcamos desconectados del mundo real, eso es lo que seguramente terminará ocurriendo, por supuesto.

El camino para devolver una humanidad civilizada a un estado donde la supervivencia a largo plazo sea una posibilidad real es rechazar los principios de la Civilización Industrial y vivir como si deseásemos tener un futuro. El medio para lograrlo es socavar las Herramientas de Desconexión. Esto es lo que este libro pretende hacer: no simplemente con palabras, sino promoviendo el surgimiento de una entera generación de personas que deseen ir más allá de la superficial retórica de las principales organizaciones ecologistas; una generación de personas que estén dispuestas a correr riesgos para devolver a la humanidad a un estado conectado.

Somos los Socavadores, y esta es nuestra hora.


Einleitung

Wie kann etwas, was so vernetzt ist, so getrennt sein? Ich stelle mir diese Frage, während ich in einer Bibliothek ein paar Kilometer von meinem Haus an der Grenze zu Schottland sitze, drahtlos angeschlossen an das Internet, welches mir gerade Zugang zu nahezu jeder Information ermöglicht… die die zivilisierte Welt als bedeutend erachtet. Beim Schreiben dieses Satzes musste ich innehalten, denn die Phrase, die fast meine Fingerspitzen erreicht hat, war “Zugang zu jeder Information” – buchstäblich ein viel befriedigender Ausdruck, aber so weit weg von der Wahrheit. Worauf ich Zugriff habe, über die unternehmensgesteuerte Router, Schalter und Server, über die das Internet läuft, dürften fast alle Informationen sein, die die Industrielle Zivilisation in seiner kurzen Amtszeit auf der Erde versammelt hat, aber es ist ein in sich geschlossenes, sich selbst erhaltendes Netzwerk, das so getrennt ist von der realen Welt, wie die einzelnen Komponenten voneinander getrennt werden wenn der Strom schließlich aufhört zu fließen.

Vor fast zwei Jahren wurde das Buch, das ich für mein Hauptwerk hielt, erstmals in Buchform veröffentlicht. Nicht, dass ich erwartet hätte, eine große Anzahl von Exemplaren von „Time’s Up!“ verkaufen zu können. Aber zusammen mit seiner Online- Inkarnation, und einer ganzen Reihe verwandter Artikeln sowohl von mir als auch von Freunden(und einigen Feinden) die sich in der nachfolgenden Zeit angesammelt hatten, habe ich erwartet, dass etwas dabei herauskommen würde. Vielleicht passierte es in der Tat, vielleicht habe ich an den falschen Stellen gesucht, oder vielleicht ist die Arbeit, die als Ergebnis kam, zwischen und unter den Dielen des öffentlichen Bewusstseins versteckt. Es gibt keine Zweifel daran, dass alles, was das Potenzial hat, die Kultur des „maximalen Schadens“ zu destabilisieren, wie Daniel Quinn so treffend die industriellen Zivilisation bezeichnet, muss geschützt werden. Dennoch ist die Frage, die zu mir per E-Mail, Brief, Mundpropaganda und indirekt durch die Kommentare und Gedanken in so vielen Blogs und Foren zurückgekommen ist, ist eine, die suggeriert, dass mein Schreibauftrag noch lange nicht erledigt ist. Diese Frage lautet: „Was kann ich tun?”

Dieses Buch gibt eine Antwort auf diese Frage.

Es ist nicht die endgültige Antwort, es ist kaum eine angemessene Antwort angesichts der Leidenschaft, mit der einige Leute die Frage formuliert haben, aber es ist das Beste, was ich jetzt tun kann. Es ist auch ein großes persönliches Risiko meinerseits und für alle, die am Vertrieb des Buches beteiligt sind. Im letzten Jahr hat sich mein Leben und das meiner Familie verändert; wir sind an einen Ort gezogen, wo wir viel Kontakt zur realen Welt und zu anderen Menschen und dem Rest der Natur haben, und so hat es sich zum Besseren verändert. Wir würden uns wünschen dass die Dinge so bleiben, aber wir wissen dass es nicht so bleiben kann und sich ändern wird. Die Umwelt, die die Natur entstehen ließ, bröckelt unter dem Stiefel der Zivilisation; die Energie, die das System am Leben hält, beginnt zu versiegen. Die Veröffentlichung und Verbreitung der Inhalte dieses Buches ist nicht nur ein Risiko für unsere persönliche Situation, sondern spiegelt auch die Natur der Situation wieder, in der wir leben. Es ist auch etwas, was ich tun muss. Die Untergrabung des Systems ist etwas, was wir alle tun müssen, wenn wir wieder die Kontrolle über unser eigenes Schicksal übernehmen wollen.

Und das wirft die Frage auf, was Untergrabung überhauptist. Die einfache Definition ist: das zu entfernen, was einen stärkt. Wenn man ein Haus zum Einsturz bringen will, fängt man damit an, die Ziegel des Fundaments zu entfernen. Wenn man schließlich genug Steine ​​entfernt hat, wird das Haus zusammenfallen. Wenn das Haus groß oder unstabilist, dann müssen vergleichsweise weniger Steine ​​ entfernt werden. Wenn das Haus bereits schwache Fundamente hat, oder schlecht gebaut wurde, dann müssen nicht so viele Steine ​​entfernt werden. Das gleiche Prinzip gilt für alles, was man untergraben will: ob eine Wand, eine politische Partei, eine Gesellschaft, oder eine ganze Reihe von Prinzipien, nach denen eine Bevölkerung ihr tägliches Leben führt.

Die Art und Weise, wie uns die industrielle Zivilisation an ihre Prinzipien bindet – wie der Glaube, dass Wirtschaftswachstum eine gute Sache ist, oder dass es notwendig ist, dass ein paar wenige Leute der Mehrheit sagt wie man zu leben hat, oder dass ein gut bezahlter Job erstrebenswert ist – wird gewährleistet, indem der zivilisierte Mensch von allem, was seinen Blick auf die Dinge verändern könnte, ferngehalten oder isoliert wird. Diese Trennung von der realen Welt wird durch die Werkzeuge der Isolierung erreicht. Wenn wir die zugrunde liegenden Prinzipien der industriellen Zivilisation weiter verfolgen, dann besteht wenig Hoffnung auf das Überleben unserer Art in diesem Jahrhundert. Aber solange wir von der realen Welt getrennt bleiben, dann ist das in der Tat ein sehr wahrscheinliches Ergebnis.

Der Weg für die zivilisierte Menschheit zurück zu einem Zustand, in dem langfristiges Überleben ist eine reale Perspektive ist, ist möglich wenn wir die Prinzipien der industriellen Zivilisationablehnen und endlich leben, als wollten wir eine Zukunft haben. Dies können wir erreichen, ndem wir die Werkzeuge der Isolierung untergraben. Das ist das Ziel dieses Buches: nicht nur mit Worten, sondern durch die Förderung einer ganzen Generation von Menschen, die bereit ist, über die oberflächliche Rhetorik der Mainstream-Umweltorganisationen hinaus zu gehen, eine Generation von Menschen die bereit ist, Risiken einzugehen, um die Rückkehr der Menschheit zu einem verbundenen Zustand zu ermöglichen.

Wir sind die Untergraber (Underminers) des Systems und dies ist unsere Zeit.


CLICK FOR CHAPTER 1


Version 1.2, published 12 June, 2014

Spanish translation by Manuel Casal Lodeiro, with sincere thanks.

German translation by Joy Hawley, with sincere thanks.

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3 Responses to Introduction / Introducción / Einleitung

  1. Good. I appreciate your approaching the survival issue in this way. To live as though we wish to have a future, we need to undermine the Tools of Disconnection. Or, in other words, Reconnect with ourselves, each other and most important the natural world. I suppose you are aware of Joanna Macy’s “The Work That Reconnects”? We need it all.

    • farnishk says:

      Hi Suzanne, glad you are on song. Yes, I have come across Joanna’s work along with related works by David Korten. Perhaps the assumption that things will just happen if we will them to is a bit too optimistic, but maybe within that will is related action that is implied rather than explicitly stated. Certainly there will be a complete paradigm shift. It won’t be easy.

  2. Hi Keith, Are you assuming that the Work that Reconnects is simply about willing things to change? It is actually about processes that help people to change their paradigm by connecting with their feelings – getting beyond conditioned apathy and numbness to feel their passion about what is happening to the Earth, to ecosystems, species, and people, in order to do something about it. Joanna Macy has long taught activism to undermine the dominant paradigm. I believe David Korten borrowed the language that Joanna had coined and had already been using for a long time. I did my first workshop with her and John Seed in 1986. It was a Council of All Beings (CAB), predating the “work that reconnects” terminology. CABs at that time were related to Earth First! ideas of undermining the dominant paradigm by arousing our passionate identification with the natural world, and committing ourselves to activism on behalf of the natural world. I haven’t read more than the introduction to Underminers, but as a longtime activist and teacher of deep ecology and ecopsychology, it seems to me that reconnecting with our source of joy and passion – ie, our spiritual connection with the Earth – is a natural supporting partner to the activity of undermining the (conceptual) Tools of Disconnection. I actually can’t imagine living “as though we wish to have a future” unless I am reconnected with the Earth.

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